lunes, 18 de junio de 2007

Ozzy Osbourne

Con 'Under Cover' y 'Down to Earth' como últimas referencias no es que Ozzy lo tuviese demasiado difícil para superarse, ¿verdad? Grabar de forma consecutiva dos discos tan flojos no hacía presagiar grandes cosas en el futuro -más bien todo lo contrario-, pero, partiendo con la ventaja que supone tener que rebasar un listón tan bajo, el Madman ha entregado un trabajo, en conjunto, correcto, muy por encima de sus obras menores (y ahí incluyo también a 'No Rest For The Wicked'), pero que no se aproxima ni de lejos ni a 'The Ultimate Sin' ni a 'No More Tears' (ya no digo su trilogía inicial, que me parece intocable). Para que nos hagamos una idea, 'Black Rain' estaría a la altura de 'Ozzmosis'; mucho más duro que aquél, sin embargo, pero con demasiados agujeros en el casco para poder salir a flote. Y eso que el disco contiene canciones muy buenas.

Las que sirven de apertura, por ejemplo, representan a la perfección la esencia de Ozzy. La primera, 'Not Going Away', rockea duro de verdad, con un sonido de bajo realmente atronador y un ritmo marcial (incluso se escuchan unas botas avanzando sobre la gravilla), y con el single de presentación, 'I don't wanna stop', se me dispara la adrenalina, haciéndoseme difícil reprimir lanzar unas palmadas al aire. A continuación, 'Black Rain', el tema homónimo, se revela como un medio tiempo que incorpora una harmónica la mar de bluesera en algunos pasajes, un interludio arábigo, y un intenso reprise final que estalla al son de ráfagas de metralleta y explosiones. Seguidamente, 'Lay Your World On Me' (junto con la posterior 'Here For You') es un alto en el camino para tomarse un respiro, una balada en la línea del 'See You On The Other Side' del álbum 'Ozzmosis', que nos muestra esa faceta sensible que tanto me gusta.

Hasta este punto, insisto, el disco se mantiene a un nivel bastante alto, pero, a partir del quinto tema, la cosa pierde fuelle y se viene un poco abajo. Así, 'The Almighty Dollar', la pieza más larga, compleja y recargada del disco (algo así como una versión 'mini' de cualquier suite de los plomizos Dream Theater), a mi gusto hubiese encajado mejor al final del tracklist, no justo en medio. Para compensar, '11 Silver' recupera la energía de nuevo sirviéndose de unas enloquecidas líneas de bajo que, en ocasiones, suenan de lo más stoner. Lástima que se quede en un tema correctito, rozando lo fallido, debido a un solo de guitarra metido con calzador. Lo peor llega con 'Civilize the Universe' (demasiado tecnológica) y 'Countdown's Begun' (demasiado Black Label Society), puro relleno las dos, que lastran el peso de canciones como la citada 'Here For You' o la muy Sabatthiana 'Trap Door', lo mejor del tramo final del disco.

Supongo que, habiendo quemado sus mejores cartuchos, no se podía esperar otra obra maestra por parte de Ozzy, pero, con un inicio tan robusto, no hubiese estado mal que 'Black Rain' hubiese mantenido el tipo hasta el final.

domingo, 17 de junio de 2007

The Stooges

Entiendo qué provoca tanta devoción a The Stooges (ser pioneros del punk-rock, desafiar al stablishment como ellos lo hicieron, grabar algunos temas que, casi 40 años después, siguen teniendo efectos devastadores en la conducta humana...) pero, en mi escala personal, los de Detroit no están por encima de otras muchas bandas consideradas precursoras. Al fin y al cabo, mi background musical, hasta hace unos 10 años, se basaba casi por entero en el heavy y el hard de los 80, por lo que hay ciertas bandas que, aunque las aprecie, me quedan bastante lejanas. A pesar de esa distancia, The Stooges (sin enloquecerme) me gustan -al igual que me gustan los discos en solitario de Iggy Pop-, pero nunca me han enganchado como sí lo hacen algunos trabajos de la Iguana. Así, no sin pocas dificultades, aguanto del tirón su debut; del 'Fun House' se me atragantan los dos últimos cortes; y del 'Raw Power', aunque ahí estén 'Search and Destroy' o 'Gimme Danger', me sigue molestando su pésimo sonido. Y me la trae floja lo que se diga en algunas revistas... Su discografía no me parece la mitad de ejemplar que la de, pongamos por ejemplo, Mötley Crüe. O Metallica. O Deep Purple. O...

Pero iré al grano: The Stooges publicaron nuevo disco a principios de este 2007, sembrando la confusión, el escepticismo y la incredulidad entre muchos de sus fans; reacciones, a mi juicio, completamente fuera de lugar. ¿O es que a alguien se le escapó que Iggy incluyó en 'Skull Ring' (2003) 4 temas junto a los hermanos Asheton? ¿A quien pudo, pues, pillarle por sorpresa la noticia? Y poco importa que esas 4 piezas (que no sacaban al disco de la mediocridad, por cierto) se nos presentasen como composiciones de Iggy & The Stooges -es decir, más como una colaboración puntual que como una banda en toda regla-, por que ¿no se editó 'Raw Power' bajo esa misma denominación, y sin embargo se considera otro disco más de The Stooges (la banda)? ¿Por qué nadie considera 'Skull Ring' -aunque sólo sea una parte- el disco de retorno de The Stooges?

Pero poco importa eso. Lo único que realmente me interesa es 'The Weirdness', el disco que marca el regreso discográfico de The Stooges; un disco, por otra parte, del que se esperaba, no sólo mucho, si no la reinvención de un género musical, el Rock, del que ya pocas revoluciones cabe esperar. Sin entrar en demasiados detalles, mi veredicto es que, sin ser tan flojucho como 'Skull Ring', 'The Weirdness' no pasa de ser un disco entretenido. Sin más. En líneas generales, la calidad me parece homogénea pero regular -sin rastro de hits potenciales y/o futuros clásicos-, y su escucha se me hace monótona, aburrida en algunos casos ('Mexican Guy' y 'Passing Cloud' me sobran por completo), dejando, una vez finalizado, la amarga sensación que ningún tema resulta capaz de funcionar por sí mismo, independiente del resto. A pesar de lo dicho, la verdad por delante: si recalasen en Barcelona -sin festivales indies de por medio- mataría por ir a verlos.

viernes, 15 de junio de 2007

Roadstar (II)

Es un hecho. Con 'Glass Mountain' Roadstar nos dicen adiós. Una noticia que, paradójicamente, hay que encajar cuando la banda parecía encontrarse en su mejor momento (el disco así lo atestigua). Una auténtica lástima porque, además de buenos, también eran prolíficos. Sólo me cabe esperar que la escisión no sea definitiva; o que, por lo menos, de ella surjan un par de bandas de su casta capaces de perdurar. Todo depende de las ganas que tengan de reactivar sus carreras... Lo más triste es que, inicialmente, estos tíos lo tenían todo para ser la nueva sensación británica dentro del Hard Rock (un nombre con gancho -Hurricane Party-, el apoyo de John Kalodner, un sello potente a sus espaldas, un sonido clásico -que no retro- capaz de seducir a jóvenes y veteranos,...), pero un cúmulo de situaciones adversas llevó a que la cosa se torciese, y, aunque lograron salir adelante cambiando de nombre, fichando con una discográfica independiente y viendo editado el más que correcto 'Grand Hotel' (2006), problemas con su sello actual han desencadenado el fatal desenlace.

Pero basta de lamentos, porque 'Glass Mountain' es una maravilla, sin duda uno de los mejores discos del año. Hay quien no secunda mi opinión (leed en mis blogs amigos, por favor), pero a mi gusto han superado sobradamente su anterior largo, recuperando el altísimo nivel que ostentaron en su primer EP. Y con esto no quiero decir que 'Grand Hotel' fuese malo, ni mucho menos, pero había allí unos cuantos cortes que no me parece que estuviesen a la altura. Lo dije hace un par de días: cada vez cuesta más encontrar discos sin escollos, sin material de relleno que invite a pulsar el botón de 'next'. 'Glass Mountain' es otra de esas rara avis que aparecen con cuentagotas. Aprovéchate.


Ramones

Desde que la semana pasada abandonase las clases, ando sacándole el máximo partido a mis horas libres (que no son pocas: 24 al día). Y si hace menos de una semana pagué mi deuda con Metallica ('Some Kind of Monster' esperaba en la recámara desde hacía mucho, mucho tiempo), anoche le tocó el turno a otra de esas estremecedoras filmaciones que sacan a la luz toda la mierda que, con los años, se puede llegar a acumular en el seno de una banda; hablo de 'The End of the Century', la cinta dedicada a la Familia Munster del Punk-rock: los inmortales Ramones. Sincero, revelador, conmovedor, deprimente, escalofriante... Tremendo. Todo lo que había leído al respecto se queda corto. De obligado visionado incluso si sólo los amaste durante 3 minutos de tu vida.

jueves, 14 de junio de 2007

Rock Star

Hay que ver cómo pasa el tiempo. Desde que me hiciera eco de la salida al mercado del número 1 de la revista Rock Hard han pasado ya 8 meses; tiempo suficiente para que la publicación se haya ganado un hueco en mi mesita de noche, y para que haya sido testigo del nacimiento de un hermanito. No el mío, por supuesto, que mis padres no están ya para esos trotes, si no el que han engendrado el tándem formado por Richard Royuela y Jordi Meya, artífices de, entre otras, Rock Zone, Rock Hard, y la recién llegada Rock Estatal. Mi enhorabuena. Aunque admito que no me muero de ganas por hacerle una visita a la criatura viendo quiénes ocupan la portada. En cualquier caso, con un nuevo magazine dedicado por entero a la escena nacional, ahora sólo queda esperar que en la Rock Hard reduzcan las páginas centrales -el encarte llamado Rock Duro-, y le cedan más espacio a formaciones internacionales, que a veces me cuelan a unos grupos (Reincidentes, Boikot, Fe de Ratas...) que, poco o nada, tienen que ver con los artistas que centran los artículos principales. Y que conste que no tengo nada en contra de estas bandas, pero, a mi parecer, el rock calimochero desentona bastante en una revista dedicada al Hard Rock y el Metal.

Cambio de tercio, que siempre me voy por las ramas, pero sigo dando palos. Como reza el encabezamiento del post, hoy me voy a centrar en Rock Star. Pero... ¿Qué es Rock Star? ¿Un programa radiofónico? ¿Un disco recopilatorio? Caliente, caliente... Rock Star es el nuevo intento por parte de Mariano Muniesa de evangelizar a las masas rockeras de este país, o mejor dicho, el Magazine que pretende ser 'la nueva referencia del rock'. Y no me lo invento, así reza la portada. Un portada, todo sea dicho, bastante horrorosa; más propia de un fanzine confeccionado por aficionados que por quienes, se supone, saben lo que se traen entre manos. Un diseño pobre, un eslógan que, visto el contenido, no sabes si se trata de una broma o de un ataque de megalomanía, una disposición de los titulares recargardísima y confusa (el logo de Metallica -¡mamma mia, con la tipografía de Pantera!- es casi tan grande como el de la propia revista)... En definitiva, de entrada la cosa hace presagiar lo peor. Pero no. Hay quien es capaz de superarse, y sólo hay que girar la página para encontrarse con un editorial repleto de tópicos recalcitrantes a más no poder. No lo voy a transcribir -que éstos son capaces de demandarme por reproducción ilícita-, pero si cito palabras como 'arma', 'lucha', 'apoyo', 'respeto' o 'nuestra música', es evidente por dónde van los tiros, ¿no? Pues del discurso paranoico-persecutorio de tufillo sindicalista que llevan vendiéndonos desde hace más de 20 años. Que si los enemigos del Rock nos hacen la vida imposible, que si somos unos marginados, blablabla... ¡Por favor, Mariano, vete a Nicaragua!

Pero la cosa no queda ahí. Puedo continuar hablando del sumario -que ocupa ¡dos páginas!-, de la sección de noticias -en la que se incluye la crónica de una feria dedicada al cultivo y el consumo del cannabis (?)-, de la calidad de las fotos -algunas parecen escaneadas, lo juro-, de la traducción al castellano del 'Heaven and Hell' de Black Sabbath, de los recuadros '¿sabías que...?' -que han fusilado directamente a la Rock Hard-, o de detalles tan cachondos como los comentarios que acompañan las instantáneas de Thunder... Por no hablar de las aburridas -y, en ocasiones, pésimamente redactadas- bios (de Metallica, de Def Leppard, de Angra...), de las siempre omnipresentes fotos del Muniesa chupando cámara, de la entrevista a dos bandas a Heaven&Hell (es increíble que, cuando ningún medio europeo ha tenido el privilegio de entrevistar a dos miembros de la banda, Rock Star, que acaba de salir al mercado, ya cuenta con los favores de promotores y discográficas para hacer lo propio con Ronnie Dio y Geezer Butler)... Y ya para acabar: ¡Ta-chán! ¡La sección de crítica de discos! Pasen y vean, damas y caballeros. Nada más y nada menos que 15 discos reseñados. ¡15! ¿No les parece increíble?
Mientras algunas revistas dedican hasta 15 páginas para repasar las novedades que aparecen mes a mes, Rock Star tiene los santos cojones de cubrir expediente con 15 raquíticas reseñas. Definitivamente, no vamos bien, no. Aunque este hecho, al parecer, tiene una explicación: según me ha contado un pajarito, el Muniesa anda peleado con todas las discográficas del país, lo cual repercute, por un lado, en que no le llegan discos promocionales; y, por otro, en que nadie quiere contratar sus servicios de publicidad. Y todos sabemos lo que pasa cuando no se insertan anuncios en una revista, ¿verdad? Pues que disminuye el presupuesto, se reducen los costes, baja la calidad, los colaboradores dejan de cobrar (esto es broma)... Que Dios me perdone, pero Rock Star es un chiste. Un chiste de los malos.

miércoles, 13 de junio de 2007

Ron Vudú (II)

Viernes 1 de Junio, BCN Apolo Sala [2]

En un mundo perfecto, las virtudes estarían repartidas de forma mucho más equitativa; pero la realidad demuestra que todo lo bueno resulta escaso, tan escaso como el oro, el uranio o la kriptonita. Hay quien lo tiene, y hay quien no. Es así de simple, no hay que darle más vueltas. Ron Vudú está en el primer grupo, y muchos otros en el segundo. ¿Qué le vamos a hacer? A todos nos gustaría que cualidades como hacerte vibrar en una actuación, dibujarte una sonrisa en la cara o insuflarte un soplo de vida estuviesen más extendidas, pero el que parte, reparte, y, quién sabe con qué propósito, la mediocridad y el aburrimiento son moneda corriente. Por fortuna, bandas como Ron Vudú están aquí para romper esa tónica imperante, por lo que sería de idiotas quedarse en casa y dejar pasar una de esas veladas llenas de magia que sólo se nos brindan cada cierto tiempo.

Ya han pasado más de dos años desde que escuché por primera vez temas como 'Siente' o 'Gracias', y, superada la prueba del tiempo, a estas alturas puedo asegurar que esos dos títulos me acompañarán el resto de mis días. Y aunque yo mismo me considero estar dentro de esa corriente que utiliza la palabra 'memorable' con demasiada ligereza, os aseguro que esta vez es así. Sólo espero que dentro de dos años pueda decir lo mismo de otras tantas de sus composiciones. Pero ésa es una historia que ya habrá tiempo de escribir. Lo más inmediato es que aquéllos que rockean desde lo más bajo del Baix Llobregat nos congregaron con motivo de la edición de su debut, 'Bailando en la Cuerda Floja', un disco cuya gira de presentación dio comienzo a finales de febrero siguiendo un periplo que llegó a su fin en Bilbao el sábado 2 de junio, precisamente el día después de su estreno en la Ciudad Condal. Y es que resulta alucinante lo que se llegan a mover estos tíos... No paran quietos ni un momento. Antes de recluirse en el estudio, anunciaron en su web que interrumpían momentáneamente su actividad sobre los escenarios para centrarse en la labor de grabación; pero en más de una ocasión rompieron su palabra para seguir ofreciendo bolos incendiarios a lo largo y ancho de la geografía nacional. Es lo que diferencia a unos y a otros, las ganas de llegar a más y más gente, poco a poco, con paciencia y tesón pero con la firme determinación de un halcón tras su presa.

Siendo Barcelona la capital más próxima a su centro de operaciones, era lógico que la presentación de 'Bailando...' se realizase por todo lo alto. Además, el hecho de tener cerca al plantel de invitados que han aportado su grano de arena en el disco hacía del todo impensable que los Vudú no recurriesen a ellos en el momento de la verdad. Un teclista, hasta tres coristas (entre ellos Sergio Martos, aka Lon Spitfire, quien les ha echado un cable en la producción del cd), y algún que otro special guest dieron un toque de distinción a un evento que así lo merecía. Incluso se vivieron instantes de confusión, como el momento en que un total de 10 personas ocuparon a la vez el escenario.

El show se inició, siguiendo un orden estricto, con las tres primeras canciones de su ópera prima: 'Pásame a Buscar', 'Las Maletas' y '¿Para Qué?'; a la que siguió la primera versión de la noche, el 'Hush' que ya versionaran los Purple al inicio de su carrera. A eso le llamo yo comenzar con buen pie. A partir de ahí, el resto del repertorio estuvo de lo más acertado, oscilando entre el hábil balance de los temas más conocidos, prescindiendo del habitual -pero no por ello cansino- solo de batería a cargo de Javi Pérez, e incorporando un par de novedades y un buen puñado de versiones que nos empaparon del espíritu de Lynyrd Skynyrd, Burning, Allman Brothers...
Óscar, con su habitual simpatía, logró meterse en el bolsillo hasta al más escéptico, demostrando que es un frontman con muchísimas tablas, y Alberto dejó boquiabierto a más de uno con los sonidos que es capaz de extraer de su guitarra. Ellos son la facción más visual de la banda, no hay duda, pero qué sería de ellos sin la base que proporciona el resto de miembros... Germán, como siempre, rebasando la eficacia en las rítmicas, Javi dándole de comer al motor, y un bajista -que todavía no me queda claro si es una nueva adquisición o es el anterior tras su paso por 'Cambio Radical'- que ejerció su papel con solvencia sobrada.

Tras 90 minutos de buenas vibraciones, y un final de fiesta con dos bises realmente extenuantes, la atmósfera festiva se prolongó una vez abandonamos el local y salimos a la calle, dispuestos a devorar la noche y lo que se nos pusiese por delante. Espero que mi situación me permita repitar pronto.

En cuanto a 'Bailando en la Cuerda Floja', el cd, si elegir un tema favorito me pone en un serio aprieto -por la concurrencia de candidatos-, no digo ya señalar algún desatino -que no lo hay-... Desde la portada y el diseño interior, todo me gusta en este disco. Se nota que los Vudú le han puesto mucho cariño a su retoño, cuidando todos los detalles, puliendo el sonido, las voces y los arreglos hasta el límite de darle la vuelta por completo a unos cuantos temas de su repertorio clásico. Sólo hay que prestar atención a los cambios que ha experimentado 'Gracias' (con unas guitarras casi sleaze en su versión maquetera) para calibrar la cantidad de horas que le han dedicado a su puesta de largo. Se han metido pianos, hammonds, secciones de viento,... todo lo que se puede esperar de una producción de lujo. ¿Las influencias? Intachables. The Faces, los Stones, las formaciones sureñas que tienes en mente,... Sin olvidar la selección de temas, muy equilibrada y muy bien dispuesta. Es increíble cómo discurren los once temas... como un suspiro, amigos. Las canciones se suceden de forma fluida, sin entorpecimientos que ralenticen el ritmo. Detalle, éste último, que aunque parezca gratuito, agradecemos quienes escuchamos muchos cd's; y es que a nadie se le escapa que, últimamente, es cada vez menos habitual toparse con un disco que invite a ser escuchado de cabo a rabo. Situación que, en más ocasiones de lo deseado, encubre una alarmante falta de buenas canciones; un reproche totalmente fuera de lugar en el caso de 'Bailando en la cuerda foja'.

martes, 12 de junio de 2007

The Doors

Still Open

Quería dedicarle unas palabras a The Doors desde hacía una buena temporada, y no, no fue la portada del Popu del mes pasado lo que me incitó a ello; lo que motivó mi interés se remonta un par de meses atrás en el tiempo; concretamente a mi paso por París a finales del pasado marzo. Y bueno, para qué os voy a engañar, de la capital francesa me sorprendieron muy gratamente sus calles, sus monumentos y demás, pero sería incapaz de confeccionar una lista de tres lugares de interés rockero. Cosa realmente absurda, por otra parte, porque París está muy lejos de ser New York o Los Angeles, pero allá donde voy siempre me empeño en intentar localizar alguna dirección que rockee. Sin que suene a reproche, tal vez si la compañía hubiese sido otra me hubiese adentrado en las entrañas de las Catacumbas parisinas, pero la idea de recorrer a pie varios kilómetros de pasadizos subterráneos rodeado de montones de huesos humanos es algo que no a todo el mundo seduce por igual. Desgraciadamente, las cuatro jornadas que pasé en la Ciudad de la Luz no dieron más que para chequear -no sin envidia- la agenda de conciertos (¡¡John Fogerty!! y ¡¡Buckcherry!!, quienes actuaban el día después de mi marcha, lástima), y visitar el cementerio de Pere-Lechaise, camposanto de obligada peregrinación puesto que allí, entre varias docenas de ilustres personalidades del mundo de la política, las ciencias y las artes, se halla el último reposo de James Douglas Morrison, más conocido por todos como Jim Morrison. Confieso que una vez allí, delante de esa pequeña parcela funeraria al cobijo de enormes panteones, no me vi ni mucho menos abrumado por la emoción, ni siquiera asaltado por algún sentimiento en particular. Yo es que para estas cosas soy un poco frío, la verdad... Lo único que me chocó fue constatar que la lápida de Jimbo es la única que cuenta con un servicio permanente de vigilancia. En cambio, un detalle que no había pasado por alto es que, diariamente, fans venidos de todos los rincones del mundo depositan en su tumba muestras de duelo y respeto. Flores, fotos, cartas de póker, cigarrillos, gafas de sol... Ofrendas espontáneas algunas, estudiadas muchas otras. En el momento de mi comparecencia no tenía a mano nada que valiese la pena ofrendar, así que hice las fotos de rigor y me marché. Qué más da; al fin y al cabo cada día limpian el lugar, así que el destino de todos esos objetos de veneración es el cubo de la basura.

Pero, para bien o para mal, mi insensibilidad no acaba ahí. A mi regreso a Barcelona me enfrasqué de lleno en la obra completa de los californianos, intentando ir más allá de sus sempiternos clásicos. No hubo manera. Como me ha sucedido con otras vacas sagradas (Pink Floyd, The Beatles, Rolling Stones...), el tiempo y esfuerzo invertidos indagando en sus canciones más oscuras se saldó con resultados poco satisfactorios. Algo comprensible si tenemos en cuenta que no conecto con algunos de sus temas considerados clásicos. Sólo tengo que escuchar el último recopilatorio aparecido al mercado, el que conmemora su 40º aniversario, para comprobar que de los 34 cortes incluidos apenas la mitad son capaces de mantenerme atento. El resto me aburre sobremanera.

El paso siguiente al intento frustrado de adentrarme en su discografía era volver a ver la cinta 'The Doors', y, esta tarde, por fin, mientras planchaba unas camisetas, me he puesto a la labor. De la película ya se ha hablado demasiado, así que no pienso alargarme con el tema; sólo comentaré que no concibo cómo se le pudo adjudicar un papel a la jodida Meg Ryan en un film de estas características. Y sí, ya sé que a muchos os resultará duro ver al bueno de Val Kilmer interpretando al Rey Lagarto, no lo pongo en duda, pero es que a la mentecata de la Ryan deberían haberle prohibido pisar un plató en el mismo instante que decidió presentarse a un cásting. ¿Qué clase de conjunción astral ha hecho posible que esta tipeja se haya labrado una carrera? Que alguien me lo explique, por favor, porque no logro entenderlo. Por desgracia, el despropósito del film no se limita a la presencia esta tipa. Nunca me he interesado por Morrison, Manzarek y compañía, jamás he leído una biografía suya ni nada parecido, así que no puedo decir si lo que se cuenta en la peli contradice, o no, lo que se ha escrito respecto a la banda; pero, según declaraciones de los tres miembros supervivientes, lo que Oliver Stone nos relata carece totalmente de fundamento. Que si el retrato que se hace de Morrison es demasiado simplista, que si sólo se centra en su figura y pasa del resto de componentes, bla, bla, bla... Sea como fuere, independientemente del grado de veracidad empleado en la redacción del guión, 'The Doors', la película, no es más que la manida historia de un rockstar que experimenta el auge y la -correspondiente- caída a base de alcohol, fornicio y droga, mucha droga. Un sermón que ya nos han explicado cien mil veces con anterioridad, y que a estas alturas a nadie le interesa, joder. Y menos viniendo de un cocainómano confeso como el puñetero Stone(d). Ya puestos, un detalle cachondo por su parte, dado su gusto por las conspiraciones gubernamentales (recordad 'J.F.K.'), es que en el tramo final de la película hubiese introducido un guiño a alguna de las absurdas teorías que tratan de explicar la muerte de Jimbo (mi preferida es la que coloca en el punto de mira a los manazas de la CIA). Eso al menos hubiese arrancado alguna sonrisa entre los espectadores.

Pero bueno, ya he hablado demasiado de la dichosa peliculita. Tal como he dejado entrever más arriba, jamás me he considerado fan de The Doors, y, aunque no soy de la opinión de Bible of the Devil -quienes aseguran que 'Jim Morrison es un idiota sobrevalorado'-, siempre he pensado que de pretenciosidad andaban más que sobrados nuestros protagonistas. Una apreciación imputable, por una parte, al nefasto influjo del biopic de marras (tanto misticismo indio de por medio acaba por joderle la tarde a cualquiera), y a la propia idiosincrasia de la banda, en la que se pueden encontrar motivos más que suficientes para cogerles un poco de tirria. Un lenguaje cargado de simbolismo, el peso de la influencia literaria, el halo de hermetismo... Se me hace bastante cargante, la verdad. Sin ser tan pedantes como Leonard Cohen, no hay duda que The Doors no resultan tan accesibles como su popularidad podría hacer suponer. Y que conste que no tengo nada en contra de quienes ostentan con orgullo su intelecto, pero cuando su discurso me llega en un envoltorio rockero sólo lo soporto en pequeñas dosis. De cualquier forma, hete aquí mi pequeño homenaje a aquél que, una noche de julio de 1971, se marchó de este mundo a la francesa, sin decir adiós. R.I.P.

viernes, 25 de mayo de 2007

Mother Superior

26 de Mayo 2007, La 2 (Apolo), Barcelona
Acabo de llegar a casa, y al contrario que otras muchas veces, en esta ocasión no voy a dejar pasar los días para ponerme a escribir la crónica de un concierto. Hoy no. Esta noche no me hace falta esperar a que las sensaciones maduren dentro de mi cabeza. Después de presenciar (por segunda vez) a Mother Superior estoy completamente convencido de haber sido testigo del show del año, así que, en lo que respecta a esta velada, cualquier atisbo de duda sobra. Y es que voy a requerir algo más que tiempo para poder bajar de la nube en la que ahora mismo me encuentro... Buff, lo de estos tíos es mágico. Si conoces sus discos, o has tenido el privilegio de verlos en directo, sabrás de lo que hablo. A mi modo de ver, la banda de Jim Wilson, Markus Blake y Matt Tecu es, hoy por hoy, una de las formaciones más sólidas y entregadas a su oficio que hay actualmente sobre la faz de la Tierra, y su estado de forma no sólo está a años luz que el de cualquier banda en la que estés pensando, sino que parece que con el tiempo la cosa mejora. Su buen hacer ha alcanzado un nivel que raya en lo prodigioso. Su compenetración roza lo sobrenatural; sin fisuras ni vacilaciones, y además con una pasión inquebrantable. Sólo hay que echar un vistazo a las expresiones de sus caras mientras se entregan todos a una a dar forma a sus temas: son la felicidad en persona. Da igual qué set encaren esa noche -ni siquiera importa si conoces o no los temas que tocan-, su vitalidad, su fuerza y la calidad de su música es tal que no hace falta más que dejarse llevar para disfrutarlos. Por si fuera poco, resulta imposible resaltar la labor de un componente por encima de la de otro. Jim, con los sonidos de otra dimensión que extrae de su guitarra y con su estupenda voz; Markus, con sus coros y sus potentes líneas de bajo; y Matt (auténtico Rhythm Man, amén de simpático frontman a tiempo parcial y caja de ritmos bucal), capaz de compaginar la brutalidad más aplastante con la suavidad más aterciopelada a los parches, son las tres piezas de esta maquinaria que responde al nombre de Mother Superior.

Si estáis al corriente, sabréis que la excusa del trío para pasarse por algunas de nuestras ciudades era la presentación de su nuevo disco, 'Three Headed Dog', del cual pensaba que aún tardaría unos meses en salir editado. Cuál ha sido mi sorpresa al acercarme al puesto de merchandising unos minutos antes del inicio del show y verlo junto a otras joyas de su discografía. Qué duda cabe, no he tenido que esperar al final del concierto para hacerme con él; tengo fe ciega en ellos. Con maravillas como 'Moanin'' o '13 Violets' en su haber sabes a ciencia cierta que no te pueden defraudar. Y aunque es pronto para tener una opinión bien formada, la rápida escucha en el coche durante el camino de vuelta me ha dejado claro que el nivel no ha disminuido ni un ápice. Aunque también es cierto que las versiones en vivo con las que nos han obsequiado esta noche (han interpretado un mínimo de 5 o 6 temas nuevos) sonaban mucho más potentes. No en vano, donde mejor se desenvuelven estos tipos es sobre el escenario; ahí demuestran que tienen pocos rivales a su altura. Sólo pensar que algún día (ojalá) se edite un dvd con una de sus incendiarias actuaciones me provoca ansiedad.

Bien, tú mismo. Si todavía no has vivido tu experiencia MS, yo no esperaría a que un allegado me lo contase. Tienes que vivirlo.

lunes, 21 de mayo de 2007

Charles Bukowski

Si mal no recuerdo, en mi vida tan sólo he robado dos veces. Bueno, en realidad han sido unas cuantas más, pero esos otros delitos se cometieron a una edad muy temprana, y no pasaron de ser inocentes sustracciones. Pues bien, de esas dos ocasiones que mencionaba recuerdo con especial intensidad la primera. Era domingo, vagaba por las calles arrastrando un mono increíble de rock'n'roll y un enorme agujero en mi maltrecha economía, así que entré en una librería de la cadena Crisol y sustraje -no sin pocos esfuerzos- el cd que acompañaba a la revista Rocksound. Creo que era el número 13 o 14, no me acuerdo bien. Tras pelear con el celofán que envolvía la publicación, me guardé el compacto en la parte delantera de los pantalones, y crucé el sistema de alarma colocado en la salida del establecimiento rezando por que aquéllo no se pusiese a zumbar. No lo hizo. Misión cumplida. Mi segunda vez fue -como dirían los integrantes del gremio de los sicarios- mucho más fácil; sin placer, pero sin apenas nervios. Pero esta ocasión el objeto que motivó mi fechoría no era un sampler con dos o tres temas potentes (Gluecifer, Fu Manchu y poco más se salvaban de la quema de aquel dichoso cd de Rocksound), sino algo mucho más grande: ¡¡un libro dedicado a Charles Buowski!! ¿Cómo? ¿Qué? ¿Qué quien es/fue este tipo?

Este viejales más feo que el demonio es uno de los grandes escritores americanos del pasado siglo. Alemán de nacimiento, pero angelino de corazón (y adopción), 'Hank' Bukowski fue siempre un borrachuzo, un poeta y un pendenciero misógino hijo de puta, pero con sus escritos consiguió tocarle las pelotas a un puñado de funcionarios del Gobierno durante más de dos décadas repletas de excesos, mujeres y escándalos. Su temática marginal, su estilo sucio y sus salidas de tono políticamente incorrectas le granjearon no pocas enemistades con los años, pero hasta el día de su muerte se mantuvo firme en su forma de encarar la vida; es decir, con elevadas dosis de (hiriente) sinceridad, muchas medias verdades, y un humor tan corrosivo como el ácido sulfúrico. Si todavía no has visto el film 'Factótum' (con Matt Dillon al frente) tienes una cuenta pendiente.

Acabo de pasar una corta pero intensa etapa Bukowski y ya estoy contando los días para reanudar la experiencia. El detonante de todo esto ha sido el libro 'Charles Bukowski', un completísimo repaso a la vida, obra y milagros del escritor de la mano de Barry Miles (biógrafo, entre otros, de Paul McCartney y Bob Dylan), que me ha proporcionado muchos momentos de placer. Gracias a la lectura de un par de obras ('Bukowski: una vida en imágenes' de Howard Sounes, y 'Lo que más me gusta es rascarme los sobacos: Fernanda Pivano entrevista a Bukowski') ya conocía con relativa profundidad los principales capítulos de su trayectoria vital, pero el libro de Miles me ha revelado un buen puñado de datos, detalles y cachondas anécdotas que desconocía por completo.

Así, en 1969 registró un disco de poesía para el sello Zapple, la sección experimental de Apple (la empresa discográfica de los Beatles), que -ante el súbito cierre de la filial- finalmente no vio la luz (lo haría en 1993 editado por el sello King Mob). Lo curioso del caso es que, desde el principio, la grabación contó con el beneplácito y el apoyo de los cuatro de Liverpool. Otro hecho interesante es la filiación Nazi de Bukowski durante su adolescencia, una fijación que le llevó a formar parte de la Liga Germanoamericana, un centro de propaganda de Los Angeles que suministraba panfletos antisemitas acerca de la supremacía de la raza aria. Por si fuera poco, en 1936 el joven Bukowski llegó a asistir, vestido con el uniforme nazi completo, a un desfile con antorchas que celebraba el cumpleaños de Hitler.

Hay muchas otras historias. Las que le relacionan con el lado más salvaje del Rock'n'Roll incluyen su pasajera (pero terrible) adicción a la cocaína (de su relación con el alcohol no es necesario hablar dado que siempre fue una constante en su vida), sus recitales de poesía en antros como el Trobadour, el mítico local de Sunset Bulevard escenario de miles de incendiarios shows, o su conexión con The Who, Bono y otros tantos rockeros. En particular resulta cachonda la anécdota que lo relaciona con Pete Townshend. Resulta que Linda King, la última compañera sentimental del escritor, era discípula de Meher Baba, un gurú que también le tenía el seso sorbido al guitarrista de The Who. Linda y Pete se conocieron en un acto organizado por el charlatán religioso en Los Angeles, y a partir de entonces mantuvieron varios encuentros. Ella asistió a varios de los conciertos de la banda de Townshend, e, inmediatamente, Bukowski llegó a la conclusión que en esa relación había algo más que amistad; una apreciación bastante dudosa si tenemos en cuenta que por aquel entonces Townshend pasaba por una época de fuertes adicciones (heroína y alcohol, principalmente), y, por lo tanto, la posibilidad de una aventura amorosa resultaba de lo más remota. De cualquier forma, Bukowski no lo vio así y se encargó de hacerle la vida imposible a su pareja durante una temporada. Pero la anécdota más tronchante es la que le sitúa al lado de Arnold Schwarzenegger, a quien, en 1983, se acercó para saludarle con la siguiente frase: '¡Eres una mierdecilla! Tú y tu puñetero cigarro puro, ¿quién te crees que eres? Sólo porque haces esas peliculillas de mierda, no eres nada especial, cerote megalomaníaco...'.

En cualquier caso, y como nunca tengo suficiente, mis lecturas acerca de este hombre pronto se verán engrosadas cuando pase por mis manos 'Hank: la vida de Charles Bukowski', un libro escrito por Neeli Cherkovski que llevaba años buscando, y que, finalmente, he localizado en una biblioteca próxima.

Y bien, si nunca has leido nada de este coloso de las letras te recomiendo algunos de sus libros de cabecera: 'La Senda del Perdedor', 'Cartero' o 'Escritos de un Viejo Indecente' son un buen comienzo si te quieres introducir en su obra; y un par de canciones ideales para acompañar tu sesión de lectura: 'Dancing On Glass' de Mötley Crüe y 'Demon Alcohol' de Ozzy, una banda sonora, si no del gusto del difunto (él prefería la música clásica de origen alemán), sí de lo más etílica. Ah, y no olvides descorchar una botella, servirte una copa y remojarte el gaznate. Bukowski te lo agradecerá allá donde esté.

domingo, 20 de mayo de 2007

The Answer

26 de Abril, Sala Apolo 2, Barcelona

Una vez se es testigo del derroche de energía y buenas vibraciones que desprenden The Answer en directo, queda muy claro a qué se referían estos cuatro irlandeses cuando bautizaron su banda con tan rotundas palabras. Porque sí, ellos son La Respuesta, la réplica que no se esperaban quienes todavía ponen en duda que de las Islas pueda surgir una banda de Rock capaz de borrar de un plumazo a toda esa chusma brit-popera. The Darkness estuvieron muy cerca de conseguirlo, todos lo sabemos, ¡y quién sabe si próximamente The Answer lograrán acercarse -o superar- al nivel obtenido por los hermanos Hawkins!

Pero dejaré las predicciones en manos de otros, no vaya a ser que les contagie un mal fario y acaben corriendo la misma suerte que Roadstar, quienes, al parecer, se han separado antes incluso de que se ponga en circulación su disco póstumo, 'Glass Mountain' -del que ya daré amplia cuenta por aquí en unos días-. Una lástima. Y bien, a continuación os cuelgo unas instantáneas del show de The Answer que tuvo lugar en Barcelona hace ya casi un mes y una imagen del set-list que interpretaron. En mi opinión, y creo que quien estuvo allí estará de acuerdo conmigo, el balance final se vio un tanto perjudicado por un sonido de lo más lamentable (que, afortunadamente, se arregló en la última media hora), pero las ganas que le pusieron y su sólida puesta en escena compensaron con creces los problemas técnicos.


domingo, 22 de abril de 2007

The Chelsea Smiles

13 de Abril, Sala Magic, Barcelona

Hace unos cuantos meses, gracias al topic de descargas del foro del Azkena Rock Festival, me bajé los dos discos de The Chelsea Smiles, la nueva banda de Todd Youth: el EP 'Nowhere Ride' y el largo 'Thirty-six Hours Later'; un total de dieciseis canciones punk-rockeras que se te graban en el cerebelo a la segunda escucha y que devuelven al ex-DGeneration al redil del que no debiera haber salido nunca -hablo de su irrelevante paso por las filas del perdídisimo Danzig-. Con estas credenciales las ganas que tenía de ver a los Smiles eran considerables, así que, cuando se anunció que aterrizarían en nuestro país, rápidamente tracé un círculo en el calendario señalando la cita.

Llegado el día, conduzco hasta el lugar escogido, la Sala Magic, un agujero con la fea costumbre de programar los conciertos a las tantas de la noche. Por suerte es viernes, así que qué mejor manera de dar la bienvenida al fin de semana que con un concierto. Los teloneros, Lipstick, cumplen sobradamente. Les vi por primera vez hará más de un año, y, como en aquella ocasión, su mezcla de escandinavian rock, sleazy y Social Distortion resulta de lo más eficaz para ir entrando en calor.

En cuanto a The Chelsea Smiles, me choca que sólo se dignen a interpretar la mitad del material que han grabado. Como suena, amigos; ocho temas de cosecha propia, una versión (de la que ahora mismo no recuerdo ni título ni performer original) y punto final. Todos para casa con cara de gilipollas. Pero... ¿qué cojones es esto? ¡Qué desfachatez!

Lo peor es que el bolo iba como la seda. Sonaban bien compactados, mucha gente del público coreaba los estribillos, el grupo parecía estar pasándoselo en grande,... Pero mejor empiezo por el principio. Os cuento: siguiendo el orden exacto del disco que venían a presentar, abrieron con las infecciosas 'Nothing Wrong', 'I Want More' y 'Heart Attack', lo cual me hizo creer que -tal vez- oiríamos, si no todos, sí un porcentaje elevado de su debut. Pero a partir de ahí, un par de temas por aquí, una cover por allá, un parón, un apresurado regreso al escenario, un poco de charla con el respetable, Todd que nos rescata de su infancia una lección magistral de guitarra, otro tema más para que no os quejéis, y... hasta la próxima, pringaillos. Reloj en mano comprobé estupefacto que el cuarteto había ocupado el escenario exactamente 40 miserables minutos. Ignoro si tan corta permanencia fue debida a un problema de horario con la sala o fue decisión de la banda, pero me extraña, porque un testimonio en el foro del Azkena asegura que en el Norte descargaron algo más de una hora. Maldita sea mi suerte.

Sea por el motivo que fuere, 40 minutos sobre las tablas me parece inaceptable para una banda que pretende ir abriéndose camino a base de ganarse unos pocos fans cada noche. Y no me sirve la típica excusa de 'vale, tocaron poco, pero se entregaron'. No me sean capullos; Iron Maiden llevan muchísimos años tocando 100 minutos y ahí los tienen, dejándose las pelotas en el escenario. ¿O alguien se atreve a negar que los cuarentones Bruce Dickinson, Steve Harris y el payaso de Janick Gers no sudan la camiseta? Que nooo, que para el morro de algunos no hay excusa que valga... Y sí, con todo el derecho del mundo podría haberles abucheado tras su abrupta retirada, increpándoles con un 'more time, motherfuckers!', pero, a fin de salvaguardar mi físico, escogí la táctica de la tacañería; es decir, la que se basa en no gastarse ni un céntimo en el tenderete de merchandising. Ni cd ni camiseta. Hale, castigados.

Por lo menos -y ya sé que es muy triste esto de autoconvencerse- la despedida que se marcaron no conoce rival: el riff de batería del 'Love Gun' de KISS. ¡Menudo redoble! Estos tipos son unos jetas, no hay discusión, pero andan sobrados de clase y buen gusto. Aunque yo, por si acaso, su próxima visita la leeré en la prensa. Como hacen algunos políticos.

jueves, 19 de abril de 2007

Hellyeah

The Cowboys Are Back In Town

Contra todo pronóstico, y tal como nos hizo creer a partir de las declaraciones inmediatamente posteriores al asesinato de su hermano, Vinnie Paul Abbott no ha abandonado la grabación de nueva música. Y, si bien su vuelta al ruedo metálico no trae consigo un disco que le reinvente (eso ya lo logró con Rebel Meets Rebel), sí lo hace con una colección de canciones que añade una página más que entretenida en su currículum. Él mismo asegura que este es su mejor disco desde el ya lejano 'Vulgar Display of Power'; y, aunque con estas palabras se ha pasado de largo, no tengo nada que objetarle si gracias a este 'Hellyeah' -el disco- el hermano mayor de Dimebag Darrell ha recuperado las ganas de involucrarse en una banda y seguir entregando material a nuestros tímpanos.
En el otro lado de la balanza, lo que en esta ocasión nos ofrece reincide en la carencia de ideas frescas que se hacía patente en su anterior proyecto, Damageplan. Y esto es así dado que el contenido del debut de Hellyeah toma elementos tanto de Pantera, Korn como de los Metallica de los 90's, lo cual no dice mucho a su favor si lo que se esperaba de esta nueva andadura del bigotudo batería era una reformulación del metal. Afortunadamente mis expectativas no eran tan elevadas, así que, merced a un puñado de acertadas composiciones y a un efectivo equilibrio entre temas cañeros y otros más reposados, pues -qué queréis que os diga- el disco de marras me está haciendo pasar unos ratos de lo más agradables.
Si se consigue hacer oídos sordos a la constante sensación de deja-vu que recorre prácticamente todo el disco, piezas como 'You Wouldn't Know' (su carta de presentación), 'Waging War', la country-metalera 'Alcohaulin' Ass' o 'Thank You' (un medio tiempo melódico con el que pueden encaramarse a las primeras posiciones de las listas de ventas) te ayudarán a evadirte durante tres cuartos de hora.
Veredicto: Un disco de vida corta, pero que se disfruta sin problemas a la que se sube un poco el volumen.

viernes, 13 de abril de 2007

Rose Tattoo

30 de Marzo, Sala Razzmatazz 2, Barcelona

Ya sé que han pasado unos cuantos días de su paso por Barcelona, pero no quería desperdiciar la ocasión de colgar una puñado de instantáneas (en glorioso tono sepia) de la tremenda actuación que ofrecieron los Tatts. Lo contrario supondría un delito, creedeme. Y es que ¡cómo rockean estos señores, la virgen! Con más años encima que alguno de vuestros progenitores, y con un aspecto físico bastante desmejorado (la sección rítmica se lleva la palma), los australianos, tomando el escenario con la humildad de la clase trabajadora y la seguridad de la experiencia, nos barrieron con una vendaval de energía y alma que ya querrían para sí muchos jovenzuelos. Sí, amigos, ni la edad ni la pérdida -definitiva- de varios miembros clave son capaces de hacerles mella. Más bien todo lo contrario, pues su último disco, 'Blood Brothers', es incluso más impactante que su anterior entrega,'Pain', una obra, ésta, que a mi juicio se erige por derecho propio como de lo mejorcito de su discografía. Y no es que tenga nada en contra de sus trabajos seminales (temas de la talla de 'Rock'n'Roll Outlaw', 'Scarred for Life' o 'Nice Boys' son clásicos incontestables), pero me siento mucho más conectado a sus dos últimos discos. Y bien, tal vez por esta preferencia personal el concierto no alcanzó el 10 que esperaba, pero ya se sabe lo absurdo que resulta exigir un repertorio al gusto de uno mismo, ¿no? Qué más da, a pesar de ignorar algunas canciones que considero fundamentales (como 'Pain', 'Black Magic' o 'Slipping Away'), el resto fue perfecto. Y si no se lo creen, pasen y vean las fotos que vienen a continuación, con un diminuto Angry Anderson como maestro de ceremonias que son pura dinamita.






jueves, 12 de abril de 2007

Slipknot

Unmasked and pixelated

Movido más por una curiosidad morbosa que por un sano interés hacia nuestros protagonistas -Slipknot no son santo de mi devoción, ya lo sabéis-, ayer noche, mientras cenaba, me despaché el documental incluido en 'Voliminal, Inside the Nine', el doble dvd que los de Des Moines editaron hace unos meses. Y bien... ¿qué puedo alegar en mi defensa? Pues que lo que comenzó siendo una sesión audiovisual a velocidad de crucero acabó en una auténtica contrarreloj, con el botón de fast forward echando chispas y mi pulgar completamente sudoroso. ¡Madre de Dios, pero ¿qué es esto?! Ni la peor película de Gus Van Sant (y mira que 'Elephant' trae cola) me despierta tanto sopor, lo juro. Sin un hilo conductor claro, sin una sola pista de audio mínimamente decente, sin ritmo... La verdad es que tras el visionado me replanteé seriamente mi visión de la realidad, en abierta confrontación con la de los redactores de Rock Hard y Popular 1, quienes osaron puntuar semejante despropósito con calificaciones próximas al sobresaliente. ¡Viva la disparidad de criterios, oigan!

Supongo que el hecho de no considerarme un fan de los nueve enmascarados influye decisivamente en mi opinión, pero -que me perdone el señor Xavier Iriarte cuando afirma que dicho documento resulta 'sin desperdicio hasta para los que no son fans de los de Iowa'- yo es que no le he visto la gracia a la filmación. Los fragmentos registrados en vivo no ofrecen nada nuevo si ya se ha visto su dvd en directo 'Disasterpieces', y el resto de imágenes (desde sesiones de ensayos a las obligadas firmas de discos, pasando por episodios de abuso alcohólico, violencia, escatología -de lo más desagradable, por cierto; recordad que estaba cenando-, etc) no hacen más que empobrecer, aún más si cabe, un producto de lo más vacío y presuntamente arty (el orden y la selección de escenas, al parecer, y según declaraciones de su director Shaw Crahan, más conocido como The Clown, 'tiene un sentido'. Me río). Incluso recurren al topicazo del momento de confusión previo a la salida al escenario, con los miembros de la banda deambulando desorientados por los pasillos del recinto sin encontrar el acceso. Muy triste, vamos.

En cualquier caso, si algo saco en claro de esta tomadura de pelo, son dos cosas:

1. me niego rotundamente a asistir de forma voluntaria a un show de Slipknot (la experiencia promete ser peor que lo vivido con Green Day)

2. el responsable del aspecto terrorífico de la formación es, nada más y nada menos, que el samurai loco de los efectos de maquillaje, Screamin' Mad George, un viejo conocido para todos los amantes de la cinematografía más excesiva y viscosa, y que en el dvd que nos ocupa asoma su sucia cara en varios planos.


Veredicto final: a evitar si no se es fan hasta la médula.