



Hace un par de meses, como ya hice constar en el post dedicado al film 'Spun', me topé con la banda sonora de 'Tenacious D and the Pick of Destiny', y tras un par de escuchas supe que el siguiente paso era ver la película de marras. Yen el momento que tomé esa determinación una imagen alumbró mi mente: en un número de la revista Cinemanía aparecía el anuncio del inminente estreno de la cinta, aquí rebautizada como 'Tenacious D: Dando la Nota'. Sumé dos y dos y llegué a la conclusión que, si se había estrenado el 27 de julio, por narices que ya estaría disponible en dvd. Falso. La película finalmente no asaltó las pantallas. Mi gozo en un pozo. Por fortuna, según informan algunas webs, tiene previsto su estreno el próximo 11 de enero de 2008. Crucemos los dedos para que en el reparto de doblaje no figure el subnormal que dobló a Black en 'Escuela de Rock' (me niego a escribir su nombre en este sagrado blog).
Pero a medida que me metía a fondo en el soundtrack mi paciencia se agotaba. Había que recurrir a la dichosa mula. Y sí, allí di con ella. En inglés, eso sí, pero con subtítulos en español-argentino. Y a partir de ahí se me abrió un nuevo mundo. Porque si 'Headbanger's, a metal journey' es el documental definitivo del Heavy Metal, 'Tenacious D and the Pick of Destiny' es la madre, el hijo y el espíritu santo de las películas dedicadas al género metálico. Olvídate del puto 'Rock Star' de Mark Wahlberg y demás exabruptos, colega, y sumérgete de lleno en la deliciosa chabacanería pedorra y fumeta de Jack Black y Kyle Gass, los descacharrantes metal gods con el peor look de la historia del Rock. La trama es lo de menos (la búsqueda de una púa que confiere habilidades extras a quien la empuña -Angus Young, Jimi Hendrix y Eddie Van Halen contaron con su ayuda, según nos cuentan-); la gracia está en las letras de las canciones, las esperpénticas situaciones y el desfile de cameos (Meat Loaf, Dio, Texas Terri, Ben Stiller, Tim Robbins, Dave Grohl,...).
A pesar de que, desde su aparición, jamás he sentido demasiado apego hacia esa corriente del death metal denominada 'de sonido Goteborg', la cobertura que están teniendo últimamente los suecos Arch Enemy me ha puesto difícil resistirme a prestarles un mínimo de atención. Así, 'Rise of the Tyrant', su último lanzamiento, ha servido de excusa para volver a intentar adentrarme en otra de esas corrientes pasajeras que tantos adeptos captan a la que se les da un poco de bombo y platillo. Cuatro han sido las escuchas; y qué queréis que os diga... A menos que en el futuro los nórdicos cambien de vocalista -o que la actual, Angela Gossow, incorpore nuevos registros-, muy probablemente ésta habrá sido la última oportunidad que le doy al subgénero. ¡Y mira que con este disco han estado cerca de convencerme! Y es que en 'Rise of the Tyrant' no faltan canciones ni buenas ideas. Por ejemplo, el sonido de las guitarras es de los que tiran de espaldas, los arreglos clásicos de regusto barroco demuestran que Michael Amott sigue en plenas facultades (a pesar de que sus últimos discos con Spiritual Beggars no me acaban de entusiasmar), hay momentos que me recuerdan a los Kreator más primitivos y otros que me devuelven a la cabeza a los Opeth de su segunda etapa, los coros de 'The Great Darkness' son capaces de hacerte creer que el Advenimiento del Anticristo está próximo... pero uno de los aspectos que más valoro en una banda, la voz, me hace aguas al cuarto o quinto tema. Y sí, de acuerdo, Max Cavalera, Mille Petrozza o Lemmy no son precisamente un prodigio de versatilidad vocal, pero el caso de Angela es similar al de Jeff Walker (Carcass): sus voces se me atragantan con demasiada celeridad.
Pero el motivo por el que me he decidido a dedicar un post a Arch Enemy no tiene nada que ver con la música. Rotundamente no. Por primera vez en este blog, lo que viene a continuación me emparenta más con el Lecturas o cualesquiera de las revistas que lees en el barbero (sí, sí, no disimules, que estás hecho un marujón de cuidao) que con el Ruta o el Popu, pero hoy me he levantado con ganas de chismorreo y nada me va a detener hasta que vea cumplido mi objetivo. Y bien... La razón de dedicarles una entrada a estos deathmetaleros es -como no podría ser de otra forma a la que se le echa un vistazo a las recientes fotos de la señorita Gossow- para hablar de cirugía estética. Ay, la maldita cirugía estética... Si hasta hace unos años la edad, la maternidad y la droja eran los principales agentes de desgaste de las tiernas jovencitas, ahora hay que sumar el terrible daño que provoca esta práctica tan matarife, convirtiendo en antinaturales lo que antaño eran unas tetas pequeñitas -pero graciosas y manejables-, o desfigurando hasta límites monstruosos las, ya de por sí, poco agraciadas jetas de las afectadas.
Supongo que el haber visionado varias temporadas completas del serial televisivo 'Nip/Tuck' (aka 'A golpe de bisturí') me habrá proporcionado cierto ojo clínico, pero creo no equivocarme al afirmar que a la dichosa Angela (de belleza algo complicada, todo hay que decirlo) le han hecho más remiendos en la cara que a la novia de Frankenstein en todo el cuerpo. No sé... esos labios entumecidos, esa naricilla de punta redondeada, esos prominentes pómulos de aspecto gomoso... Una de dos: o en las fotos promocionales se han excedido con el Photoshop o esta chica ha pasado varias veces por el quirófano para hacerse unos cuantos arreglillos... Arreglillos que, a mi parecer, no han hecho más que borrarle todo atisbo de expresividad humana para convertirla en un gato de escayola en standby.
Ésta de aquí arriba es una instantánea tomada hace unos cuantos años de la susodicha en compañía de otra de las 'grandes' gargantas femeninas europeas: la alpina Cristina Scabbia de Lacuna Coil. Si ellas me lo permiten, yo les recomendaría que, de optar por abandonar sus respectivas carreras musicales -sin dar de lado el mundo de la farándula-, se pusiesen en contacto con el bueno de Christophe Clark. Estoy seguro que, siendo como son un par de mujeres todoterreno, el tipo les encontraba un papelito en alguno de sus acalorados videos. Apuesto que todos apreciaríamos mucho mejor las habilidades bucales de la pareja con esa nueva ocupación.
The Immoral Mr. Teas
Servidor, que no es ni de lejos un stoniano de pro (a pesar de haber acudido religiosamente a su gira Forty Licks o haberme leído una biografía ¡escrita por Mariano Muniesa!), está muy pez en el tema como para recomendar el visionado de este dvd a los fans más acérrimos -que lo mismo lo consideran una pérdida de tiempo-, pero para quienes -como yo- han mantenido un contacto con Sus Satánicas Majestades de lo más superficial, resulta curioso ver y oir las declaraciones de profesores y antiguos compañeros de colegio (todos coinciden en que era un alumno modélico), fotógrafos de la banda, agentes de publicidad, guardaespaldas, incluso la ex-novia de Brian Jones, o Giorgio Gomelski, el primer mánager de los Stones en sus tiempos de banda de pub. Todo ello aderezado, cómo no, con imágenes de archivo del concierto de Altamont, el funeral de Brian Jones y escenas de la boda de Mick con Bianca. También es interesante echar un vistazo al local donde comenzaron su andadura musical los Stones, o la primera aparición televisiva de un jovencísimo Jagger, en el cual podemos verle escalando (!) una pared de roca con ayuda de una cuerda.
Pero ya está bien de buscar un culpable. Es hora de meterme en el bolsillo el maldito dedo acusador y pasar a hablaros del debut (y digo debut porque el proyecto compartido Serart no cuenta como tal) del armenio más internacional de la historia del Rock. 'Elect the Dead' es el título de su ópera prima, un disco en el que, a excepción de un par de cables que le han echado a las baterías, todo se lo ha guisado él solito; incluida la producción. Y ahí es donde, a mi juicio, ha metido la gamba. Y sí, de acuerdo, tras haber soportado tantísima mierda de la mano de Daron Malakian, su contrapunto en SOAD, nuestro hombre tiene todo el derecho a hacer las cosas a su own way, con total libertad, pero el resultado obtenido se me antoja un disco necesitado de un productor de oficio que lime asperezas y dote al sonido de una mayor grandilocuencia. Asperezas en cuanto a la escasa presencia de guitarras eléctricas en los pasajes más agresivos y a la duración de algunos temas (excesiva en 'Feed Us', 'Saving Us' y 'Praise the Lord and Pass the Ammunition'), y una mayor grandilocuencia dado que el carácter operístico del material así lo requiere.
Aunque para delicias, las que nos dispara Gilbert junto a sus compañeros de fatigas, Marco Minnemann (batería) y Linus of Hollywood (bajista y portador de inequívoco nombre), quienes, en riguroso directo y disfrutando como enanos, interpretan un total de dieciséis piezas, doce de las cuales incluidas en su -por entonces- más candente trabajo discográfico, 'Space Ship One' (2005). Eso en cuanto a la filmación principal, de aproximadamente 75 minutos, a la que se añade un apartado de extras -tomas alternativas, versiones acústicas de algunas de las canciones anteriormente ejecutadas y un par de piezas inéditas- que sobrepasa los tres cuartos de hora. En total, alrededor de dos horas de música en las que se transita una amplia variedad de estilos, desde el heavy metal al hard melódico de melodías pop (con Cheap Trick y Enuff Z'nuff a la cabeza), pasando por medios tiempos, baladas y algún que otro trallazo punk-rockero.
A parte del vestuario, el detalle más freak del dvd es una breve presentación a cargo de Mr. Gilbert de todas y cada una de las canciones. El esquema se repite de principio a fin: aparición en pantalla de un rótulo con el título del tema, y, a continuación, presencia de Paul, guitarra en ristre y pinta de nerd pajillero, quien nos habla escuetamente de la pieza en cuestión para, acto seguido, masacrarnos con un solo a velocidad de vértigo. De lo más marturbatorio.
Ignoro cómo les estará yendo a los Pistol su gira por nuestro país, pero a raíz de lo vivido el pasado viernes -más abajo tenéis la crónica- y lo leído en el site RockTrip, su paso por Barcelona y Valencia se ha saldado de forma muy positiva; algo mejor en la segunda ciudad, eso sí, dado que allí, además de los temas nuevos que formarán parte de su segundo disco, interpretaron de cabo a rabo su explosivo debut (a excepción de la pausada 'Salt of the Earth') y alargaron la función con un segundo bis. Imagino que la brevedad de su descarga en la Ciudad Condal se debiese al jet lag de los cojones, pero no deja de ser una putada que justo el día siguiente estirasen tanto el set-list (qué mala es la envidia, coñio).
¡Qué cosa! Si la memoria no me falla, en todas las entrevistas que concedieron en su momento, todos y cada uno de los miembros interrogados coincidían en un punto: Heaven&Hell era un proyecto aislado en el tiempo que no tendría continuidad en el futuro. Por lo visto, tal como aseguró Geezer Butler en This Is Rock, el hecho que los miembros de la banda hayan viajado por separado durante todo el tour ha imposibilitado la reaparición de viejas fricciones entre los señores Iommi y Dio. Aunque, muy posiblemente, el factor determinante para este cambio de parecer tenga mucho que ver con otro señor: Don Dinero. Y es que, a razón de los numerosos sold-outs que han cosechado a lo largo de la gira, a nadie se le escapa que éste ha sido uno de los tours más exitosos del año y que sería de idiotas no seguir estrujando las tetas de la vaca.
Elucubraciones al margen, la realidad más inmediata es que, fruto de esa gira, ha visto a la luz uno de los documentos más ansiados por todos los amantes de la etapa de Dio en Black Sabbath. Con una presentación de lujo, la edición limitada de 'Live From Radio City Music Hall' cuenta con dos discos de audio y un completo dvd que recogen un set de quince temas. El set, por cierto, no depara grandes sorpresas; algo lógico si tenemos en cuenta que Dio solamente prestó su voz en tres álbumes de estudio, apenas una treintena de composiciones sumando las tres nuevas canciones que grabaron el año pasado con motivo de la edición del recopilatorio 'The Dio Years'. No faltan 'The Mob Rules', 'Children of the Sea', 'Lonely is the Word' ni 'Neon Knights' (aquí, al contrario que en 'Live Evil', cerrando el set), aunque a mi juicio, una canción que realmente se echa de menos es 'Country Girl', una de las más solicitadas por parte de sus seguidores a tenor de los comentarios de algunos fans incluidos en el apartado de extras.
Como se ve en las capturas siguientes, el marco del evento es inmejorable. Un escenario de estilo románico, recreando la fachada de un castillo, con verjas a ambos lados del kit de batería y tres ventanales sobre los que se proyectan imágenes, y un juego de luces que proporciona, por momentos, una iluminación más evocadora que reveladora. ¡No por nada estamos ante los Reyes de la Oscuridad! Y qué decir de ellos... Dio está pletórico, como siempre, alcanzando todas las notas sin problema alguno de espalda (no como el Metal God, que acompaña cada alarido con un pronunciado encorvamiento) y lanzando manos cornudas a diestro y siniestro. Geezer y Iommi, mucho más estáticos, se muestran también más sobrios, totalmente concentrados en sus instrumentos. Y Vinny, el fuertecito, aporrea con fuerza y precisión su batería, sometiéndose al tempo de la canción con habilidad y entusiasmo. Lástima que aburra en la parte central de la filmación con un insulso solo que, se mire como se mire, no hay por donde cogerlo.
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Ya para acabar, aclaro que el subtítulo no se me ha ocurrido mientras me tomaba unos copazos de brandy, sino porque un vistazo al público que abarrota el impresionante auditorio del Radio City Music Hall deja las cosas bien claras: estamos ante un campo de nabos. Y bien maduritos, por cierto. Una pena porque a servidor le gusta que entre la concurrencia siempre haya alguna flamenca que quiera protagonizar su particular momento 'titty-cam' y haga bien en enseñarnos las tetas. Pero, para bien o para mal, esta banda tiene poco que ver con KISS o Mötley Crüe, así que no queda más remedio que buscar en otra parte la ración de peras. Mi gozo en un pozo.
Pero como no me gusta dar nada por perdido a destiempo, espero tener que tragarme la frase anterior cuando de aquí a un mes, concretamente el 20 de noviembre, se ponga a la venta 'Angel Down', el segundo disco en solitario de Mr. Bach. Y es que, a pesar de la reticencia que suscita contar con un debut tan endeble, no negaré que guardo no pocas expectativas en este lanzamiento. De momento, y no es poco, el factor mediático está de su parte; y es que contar con la aportación vocal de todo un Axl Rose en tres de los cortes del álbum ('Love is a Bitchslap', 'Stuck Inside' y una versión del clásico de Aerosmith 'Back In The Saddle') es un lujo del que pocos pueden presumir. Aunque -y juro que no pretendo echar más leña al fuego, válgame Dios-, no se puede ignorar el hecho que quizás esos duetos se conviertan finalmente en el testamento musical de W.A.R. (por mucho que recientemente se haya anunciado la, al parecer, definitiva fecha de publicación del jodido 'Chinese Democracy').
El viernes pasado empecé la mañana de forma un tanto peculiar: visionando una película. No una cualquiera, por supuesto, que no es que ahora me haya dado por hablar también de cine; bastante trabajo me da ya el rock'n'roll... La película en cuestión se titula 'Spun' (2003), y, para que os hagáis una idea, vendría a ser un cruce entre 'Trainspotting', 'Réquiem por un Sueño' y 'Miedo y Asco en Las Vegas'; es decir, el alocado ir y venir de una pandilla de drogadizos que -siempre en coche- intentan resolver sus chanchullos. Si conocéis los títulos que he mencionado, coincidiréis conmigo que la cosa promete, ¿verdad? Pues si a eso le añadimos un sentido del humor tan pasadísimo de rosca como los protagonistas de la historia, una puesta en escena que no escatima detalles de mal gusto (detalles que, qué queréis que os diga, a mí me encantan), un plantel de actores que cuenta con nombres como Mickey Rourke, Mena Suvari, Brittany Murphy o John Leguizamo, y pequeños papeles para Peter Stormare (uno de los asesinos a suelo de 'Fargo'), Deborah Harry (la antaño sexy vocalista de Blondie) o Ron Jeremy (a éste no hace falta presentarlo, ¿no?) pues no se me ocurre ninguna excusa para dejarla pasar...
De la cinta, a decir verdad, no tenía constancia de su existencia hasta el mes pasado, cuando, leyendo la entrevista a Rob Halford publicada en el número de septiembre de Popular 1, se mencionaba la intervención del Metal God (¿o debería decir Metal Goddess?) en un film independiente. En realidad, dicha participación no es más que un brevísimo papel -sólo aparece en dos escenas-, pero vale la pena ver al precio que sea. De las dos en las que hace su aparición, resulta de lo más cómica la segunda (INICIO DE SPOILER Nº 1): Halford, que se encarna a sí mismo como dependiente de un sex-shop, ¡¡hace gala de los huevos suficientes para hacerle insinuaciones indecentes al duro de Rourke!! Desternillante ver al Metal Queen (¿o debería decir Metal Queer?) soltando pluma frente a uno de los tipos duros de Hollywood... (FIN DEL SPOILER Nº 1)
Sin salsas ni aditivos, pero rebosante de conservantes, Airbourne son de esas bandas que gustan a los Stones porque no son más que rock'n'roll; puro, simple, pero jodidamente adictivo.
Pero que nadie caiga en el error de ver en ellos a una banda de metal, porque -sin ánimo de encorsetar a nadie- lo suyo entra de lleno en el hard rock de corte más clásico. Y, si bien es cierto que los Manalishi no niegan la influencia metálica o que la adopción de su nombre se debe a la versión de Fleetwood Mac que grabaran los Priest, los pamplonicas pronto descubrieron que la original superaba la relectura metálica de Halford & Co., por lo que no es de extrañar que en su música reflejen su gusto por artistas de los 60 y 70.
Estoy convencido que incluso los más optimistas -entre los que me cuento- dábamos por perdidos a Great White. Felizmente, contra todo pronóstico, y a pesar de los enormes problemas personales que han acarreado sus miembros (el peso de 100 muertes debe ser una losa insoportable para la conciencia de cualquiera), aquí los tenemos de vuelta con 'Back to the Rhythm', otro grandioso disco a añadir a su discografía, y un más que digno sucesor a su anterior obra maestra, un 'Can't Get There From Here' que, desgraciadamente, ocho años después de su edición no ha conseguido elevarse a la categoría de clásico de los 90 a la que por derecho propio corresponde.
Con un estilo narrativo ágil, desprovisto de lastrantes florituras, y con la precisión y la brevedad como bandera, 'Mötorhead: sin remordimientos' relata la historia llena de altibajos de una banda que ha topado con la adversidad en más ocasiones de las que tú o yo soportaríamos. Un auténtico carrusel de deserciones, despidos, cambios de management, expulsiones de sellos y peleas, pero también de amistades, colaboraciones, éxitos, reconocimiento y una más que merecida estabilidad en el tramo presente de su carrera.
Coincidiendo con la lectura de los últimos capítulos de 'Bruce Lee. El hombre detrás de la leyenda', una estupenda biografía escrita por Marcos Ocaña Rizo, llega a mis oídos la más reciente obra de otros Lee -en este caso hermanos, y casualmente con cara de chinos-, que nos noquean de nuevo con otro flamante disco, el tercero ya en su discografía: 'Fire For Hire'.
Confieso que tras escuchar los cuatro temas que colgaron en myspace hace un par de meses dudé de su capacidad para volver a componer otra colección de canciones tan soberbia como la que hallamos en 'Rules' (2005), su primera obra maestra, pero con el nuevo disco en las manos (bueno, no exactamente con el disco, pero éste fijo que lo compro), y tras un puñado de escuchas compulsivas, mis dudas se han disipado; han vuelto a facturar otra masterpiece. Y eso es decir mucho, porque, personalmente, 'Rules' es uno de esos discos tan exageradamente adictivos que igualar -no hablo ya de superar- semejante nivel me parece prácticamente una misión imposible, no sólo para ellos sino para cualquier banda. Pero bien... si el tonto del culo de Tom Cruise es capaz de seguir plantando cara a amenazas cada vez más descabelladas en las pantallas, Supagroup no podían ser menos, demostrando que, además de talento, para ellos no existen los listones insuperables. Y con esto no quiero decir que hayan logrado eclipsar la grandeza de su anterior trabajo, eso es imposible. 'Rules' vendría a ser el greatest hits con el que sueña todo hijo de vecino: sonido atemporal, canciones con mucho, mucho gancho, y un feeling rockero que no se sentía desde hace mucho tiempo. Sin duda, demasiado brillo que pueda ensombrecerse. En cualquier caso, sólo el tiempo dirá si con 'Fire For Hire' han logrado superar su anterior marca, o, si por el contrario, el apoteósico 'Rules' se convertirá en el rasero para comparar sus futuras entregas. Qué más da; lo único que cuenta a día de hoy es que 'Fire For Hire' entra directo en la lista de mis 5 discos favoritos del año. Y digo 5, pero bien podrían ser 3, ya veremos.
Para acabar, un último apunte. Abogo por colocar stickers de aviso en todos aquellos discos con riesgo de provocar adicción. O, en su defecto, que en el libreto se informe de la clínica de desintoxicación más cercana. Llevo una semana enganchadísimo a 'Fire For Hire' y quiero soltarme. ¡Por Dios, que lo último de Hanoi Rocks y Hermano está pidiendo una oportunidad!

Pero ya está bien de figuritas -que esto parece un patio de recreo-, y hablemos de pasada de la película que le sirvió de inspiración: 'El Fantasma del Paraíso'. Y bien... soy plenamente consciente que en líneas anteriores me he excedido calificándola de 'inconmesurable', pero servidor, que es fan de esta cinta desde hace más de 2 décadas, se rinde antes a la pasión que a la cordura. Y es que mientras algunos pierden la compustura hablando de galaxias muy, muy lejanas, cuentos llenos de hobbits, enanos y elfos, o batiburrillos cibernéticos, el abajofirmante pierde los papeles cada vez que introduce el dvd de este film en el reproductor; un ritual que se repite año tras año, y que, para desesperación de mis allegados, no tiene visos de interrumpirse. Pero, ¿qué tiene esta película de especial? Simple: todo ella es Rock'n'Roll. Es más, esta vuelta de tuerca al folletín clásico de Gaston Leroux bien podría haberse titulado 'El Fantasma de la Ópera... Rock'. No en vano entre sus ingredientes contamos con una cantata, una trama cargada de amor y ambición, envidia y rencor, odio y traición, venganza y defunción, hell's angels, drogas, shock-rock, guerra de egos, pactos con el Diablo... ¿Se puede condensar todo esto en 90 minutos? Por supuesto que sí. Y además con mucho humor y buena música. La calidad del guión, eso sí, deja un poco que desear, lo admito; pero si conocéis a fondo el cine de DePalma ya sabréis que normalmente sus historias tienen más agujeros que un queso de gruyere. Para que los pequeños gazapos que posee la cinta pasen a un segundo plano el visionado te exige, por lo tanto, aceptar su juego de incoherencias internas; sólo así podrás disfrutar de los muchos aciertos que atesora esta obra maestra. De las dos ediciones que tuvieron lugar en el recinto ferial IFENCA de Jerez de la Frontera tan sólo asistí a la segunda, la de 2003, y os juro que aquello me acompañará hasta que me vaya a la tumba. Tres jornadas de Rock'n'Roll-non-stop al aire libre, un emplazamiento idílico, un plantel de bandas que -gustos personales al margen- cumplieron sobradamente en su mayoría, el sol brillando sobre nuestras cabezas,... Gratos momentos, sin duda.
Después de tanto tiempo me cuesta poner orden a los recuerdos -tengo la memoria más perjudicada que la de Stan Lee-, pero todavía conservo con claridad muchas imágenes en la retina: los taconazos sobre las tablas de Norah Findley de Sin City Six, la impactante presencia de Dee Snider, la no menos shocking de David Roach -botella de vino en mano-, los miembros de Savoy Truffle paseando entre el público el día después de su show, los dos kits de batería de The Cherry Valence, el espectador borrachín ataviado con tejanos ultracortos que no paraba de bailar aferrado a un vaso de cerveza, la camisa con motivos KISS del voceras de Nine Pound Hammer, el desparpajo de Mötochrist (¡Dios, cómo molan Marc Diamond y Danny Nordahl!), las caras de felicidad de todos los asistentes al acabar cada actuación,... Y lo dejo aquí para no aburrir, pero realmente el Z fue de de ensueño; la clase de festival que cualquier aficionado al Rock'n'Roll de este país pedía a gritos.
Lógicamente, no todas las bandas que participaron me convencieron. Es más, hubo un día en concreto -el último- que resultó bastante decepcionante: The Hydromatics y The Hellacopters estuvieron flojos, y los cacareados Radio Birdman me aburrieron hasta la extenuación. Aunque poco importaba. El día anterior habíamos sido testigos de las descargas de Twisted Sister y Junkyard y eso bastaba para pasar por alto todos los minutos posteriores de aburrimiento. Y sí, ya sé que ha corrido mucha tinta alabando estos dos conciertos, que se les ha elevado a la categoría de míticos, pero es que realmente fueron históricos; lo prometo.
Por desgracia, mi felicidad no pudo ser plena. Y es que, a diferencia de otros muchos que sí vieron cumplido uno de sus sueños, me quedé sin camiseta de Junkyard. Es curioso, pero de todos los modelos de t-shirt que desfilaron por el stand de merchandising aquellos tres días, sólo quedé prendado de la de estos outlaws angelinos. La camiseta no era nada del otro jueves, todo hay que decirlo, pero el diseño formado por el as de picas blanco y la fecha española impresa sobre fondo negro me pareció demasiado. Lástima que cuando me decidí a hacerme con una ya no quedaban de mi talla. Si es que a veces la vida apesta... Sniff... De lo que sí compré una copia fue de su EP 'Tried and True', una pieza de coleccionista que -sin estar a la altura de sus obras de estudio- ofrece unos cuantos minutos de diversión (¿tendrá continuidad algún día? nunca se sabe...). También compré un par de cd's de Iron Boss, otros dos de Mötochrist (¿he dicho lo bien que me caen estos tíos?), una maqueta de Schizophenic Spacers, el avance de 'Your Lips... My Ass!' de TxT (con una presentación similar a la de un cd pirata, pero cuyo contenido -digan lo que digan- sigue pareciéndome una bomba nuclear), y por la patilla arramblé unas cuantas pegatinas para decorar la carpeta.
En definitiva, una experiencia memorable. Lástima que al final se cayesen del cartel los anunciados Rock City Angels, de quienes, a pesar de no gustarme demasiado su aclamado 'Young Man's Blues', tenía ganas de verificar en primera persona todo lo que se ha escrito acerca de su, al parecer, explosivo directo (aquél que les colocaba a la altura de los mismísimos Guns N'Roses allá por 1986). Aunque, para decepciones, la que nos caería encima al año siguiente.
El caso es que, ante el reciente éxito cosechado, los organizadores del festival se ponen las pilas sin dilación, y anuncian una nueva edición para marzo de 2004. Pasan los meses, la organización no hace públicos sus avances, pero, habiéndose adelantado algún que otro pago (a los sureños Molly Hatchet) la falta de apoyo de algunas instituciones obliga a posponer el evento hasta verano, concretamente al 27 y 28 de agosto.
El aplazamiento no detiene la marcha del festival. Poco a poco se van filtrando nombres, hasta que, en mayo, ya se tiene configurado un primer cartel de lo más apetitoso. Como cabezas de cartel: Slade y ¡Zodiac Mindwarp and The Love Reaction! ¿Os lo imagináis? Poder berrear los estribillos de 'Prime Mover', 'Skull Park Joker' o cualquiera de los cañonazos que conforman el majestuoso 'Tattooed Beat Messiah'... Resulta del todo imposible que no se me nuble la vista con sólo pensarlo. Tampoco desmerece el contar con la presencia de Mother Superior, American Dog, Odin Orange (un proyecto formado por miembros de Raging Slab y Backdraft), Tricky Woo, Orquesta del Desierto, los propios Raging Slab, Adler's Appetite, y unas cuantas de las mejores bandas nacionales del momento: Sol Lagarto, Smoking Bird y Maggot Brain.
En la recta final las noticias se suceden mes a mes, sumando nuevas incorporaciones y alguna que otra caída del cartel. En junio se vienen abajo Adler's Appetite y Orquesta del Desierto, al parecer por incompatibilidad en sus calendarios, siendo reemplazados por Nashville Pussy, garantía de una hora excitante, y otra formación autóctona, Tea.
En julio dos nuevas bandas dan forma definitiva a un cartel que promete el cielo y el infierno: Firebird y Supersuckers. Cruzo los dedos para que el Serie Z 2004 llegue a buen puerto; algunos de esos conciertos pueden marcar un antes y un después en mi vida.
Pero, a medida que el tiempo acorta la distancia hasta el inicio del evento, además de cambios en el programa, también sufre variaciones la sede del festival. Así, el escenario se traslada del recinto IFENCA a la Casa de la Cultura, un emplazamiento mucho más pequeño que cuenta con capacidad para unas 700 personas. La limitación del aforo acelera la venta de tickets. Todo parece ir sobre ruedas. Entonces...
Entonces todo se va a tomar por culo. A quince días de su celebración, sin motivo aparente, el evento se suspende. La cancelación (cómo no) nos deja a cuadros. Según las fuentes oficiales la acogida por parte del público estaba siendo buena, así que todos nos preguntamos ¿qué demonios ha pasado? A los pocos días, Juan José Cacheda, director de la organización, sale a la palestra con un comunicado: motivos económicos y políticos han forzado el cese del festival. Para acabar de finiquitar la faena, el siguiente párrafo borra de un plumazo las esperanzas de una cita a corto plazo: "nuestra situación financiera es prácticamente la quiebra y, para rematar lo ya asesinado, la última decisión municipal es la de retirarnos la mínima cuantía de subvención verbalmente aprobada por, dícese, problemas presupuestarios". Incomprensible.
Y ésta es la historia, amigos. Quien sabe, lo mismo dentro de unos años alguien se vuelve a liar la manta a la cabeza y organiza un festival de las mismas características... Mientras tanto, permitidme fantasear:
Verano de 2008, recinto ferial de (ciudad X). ¡El Serie Z strikes back! Nos esperan tres jornadas de música, sol y buenas vibraciones. La lista de actuaciones es para morirse de gusto: Amon Ra, Rock City Morgue, Green Manalishi, Richard Cheese, Rockzilla, Buckcherry, Airbourne, Eddie Spaghetti, Sugar Mountain, Tesla, Supagroup, Ron Vudu, Jackyl, The Punishers, Beatallica, Reverend Horton Heat y Great White. Lo sé, he muerto y estoy en el paraíso. Pero soñar es gratis, ¿no?
Y no hablo por hablar. Lo que ha grabado el chamaquito más cachondo del metal deja en pañales lo que sus ex-compañeros de Fear Factory han estado editando desde su marcha. Y no, no me olvido de sus dos brutales discos de tex-mex death-metalero firmados bajo el sobrenombre de Asesino, pero, mientras aquéllos sólo pueden recibir el calificativo de broma macabra, lo de Divine Heresy toma tintes mucho más virulentos. Si no me crees, sólo tienes que dejarte llevar por el aplastante repiqueteo del doble bombo -algo así como un martillo pneumático taladrando una acera-, los riffs de guitarra de Dino o los rugidos guturales del gringo Tommy Vext para que tu nivel de adrenalina rebase el punto de no-retorno.